Análisis | Unicén y sus 113 trabajadores, en la encrucijada Las tensiones desatadas en el seno del consejo de la empresa textil, tras la muerte de su creador, fueron el germen que llevó a la entidad al borde de la quiebra
03 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?a situación en la que se encuentra Unicén, al borde de la quiebra, evidencia las dificultades que sufren las empresas de propiedad familiar, tras la muerte del patriarca. Nos hallamos ante lo que se conoce habitualmente como una crisis de sucesión, con todos sus ingredientes. El cambio generacional podría haber funcionado bien, pero funcionó mal. La muerte de Eladio Fernández González, a comienzos de la actual década, aparece como el origen del cisma. El que fuera director gerente hasta ese momento, José Fernández Valencia, hijo de Eladio, acumula entonces el 28% del capital social más otro 8% que recibió en herencia. Para entonces, la tercera generación comenzó a incorporarse al consejo e imprimirle un giro en la gestión con una decisión difícil, la destitución de Valencia y la contratación de lo que se definió como un gerente profesional al que se dotó de amplios poderes. Se trata de Santiago Canet Calvo al que se le asignaron parte de las responsabilidades del anterior director gerente. Pero Valencia no se queda quieto y reacciona con una denuncia penal contra sus compañeros de consejo por supuestos delitos societarios, entre ellos, por marginarle en decisiones en las que, a su juicio, tenía que tener arte y parte. El juez Morán Llordén, que se ocupa de esta causa, mantiene como imputados, entre otros, al propio Santiago Canet. En el consejo se sientan también Julio Novoa (hijo), Elena Casal y Luciano Casal. El asunto penal, un duro golpe contra el prestigio de una entidad como Unicén, de gran tradición en Ferrol, es el reflejo de las tensiones entre los socios. El descrédito llegaría a su cénit con la destitución de Santiago Canet, por quienes le habían nombrado. La solicitud de quiebra con la que se agrió el verano a una plantilla integrada por 113 trabajadores, puso la puntilla. El Juzgado de lo Mercantil de A Coruña, que se encarga de este asunto concursal, puede resolver en las próximas semanas la suspensión del consejo de administración y la designación de un administrador judicial. Poco tendrían que decir entonces los actuales portavoces de la empresa en cualquier mesa de negociación. Por eso es tan importante recuperar cuanto antes el consenso en el seno de las familias propietarias, apelando al patriotismo de empresa que, se supone, debe pesar sobre quienes ahora piden ayuda a la Administración pública. Sería el primer paso para reconducir el grupo. Según datos propios de la firma, llegó a facturar más de siete millones de euros en el 2003 y preveía alcanzar los doce millones en ejercicios posteriores merced a la política de expansión que iba a lanzar Canet. De no existir la crisis sucesoria, los sindicatos sostienen que Unicén tenía grandes posibilidades de supervivencia a la luz de la coyuntura del textil gallego que fue capaz de hacer frente a la competencia china y otros retos. El grupo Unicén había conseguido sortear todos los escollos con su diversificada producción y la red de comercialización propia. En consecuencia, la solución se encuentra en una mesa diferente a los tribunales de justicia: entre los socios propietarios. Reconducir la crisis de sucesión sería un paso de gigante y única garantía de solvencia ética para dirigirse a la Xunta en demanda de apoyo. Hay que olvidar las viejas rencillas.