El río de la Sardiña

FRANCISCO VARELA

FERROL

CONTRAPUNTO | O |

09 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA MULTA impuesta por la Xunta a Canteras Ferrolanas por los vertidos al río de la Sardiña (18.000 euros) parece ejemplarizante. Regatos procedentes de los áridos extraídos en esta explotación de la carretera de Covas, que no son bien decantadas en las balsas de la cantera, llegan al cauce en Mandiá. Los lodos en suspensión afectan seriamente al habitat. Parece obligado recordar que este cauce tiene todavía truchas. Recuerdo cuando en su bosque de ribera se ocultaban las nutrias y por sus aguas subían los reos. Ya puestos con la libreta de las multas en funcionamiento no es tan difícil encontrar otros infractores; sin ir más lejos, los tienen en casa: las alcantarillas de la Escuela de Ingeniería de Serantes o la Escuela Náutico-Pesquera (ambas, autonómicas) acaban en el Sardiña, lo mismo que toda la barriada de las Sindicales a buena parte de las casas ribereñas. A su estuario, al pie del estadio de A Malata, van a parar todas las alcantarillas situadas entre la Puerta de Canido y Catabois, en su vertiente norte. Si la inspección está inspirada y quiere ver ríos que han dejado de serlo, convertidos en albañales a cielo abierto, tiene cerca también el Freixeiro o el Inxerto. En el Freixeiro las últimas truchas, debido a la contaminación, comenzaron a deformarse hasta parecer pequeños monstruos. De estos pequeños riachuelos, y de que se acabe de una vez la red de saneamiento de la ría, depende la salubridad de los recursos marisqueros interiores que dan trabajo a cerca de mil personas (una empresa muy importante en Ferrol). Pero si el aspecto económico es relevante, igualmente lo es el preservar enclaves como el río de la Sardiña, un verdadero símbolo cantado en coplas populares. Cuesta más sanearlo que salvarlo. Ahora estamos a tiempo antes de que esté todo perdido.