Crónica | La concentración de solidaridad Familiares de los fallecidos imploraban ayer agarrados a sindicalistas que garantizasen que ningún trabajador entrase en un tanque sin plenas garantías de seguridad
14 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Tenéis que garantizar que hay seguridad antes de que baje la gente a los tanques», imploraba ayer la tía de uno de los trabajadores fallecidos en un tanque de la segunda fragata que Navantia Ferrol construye para la Marina de Noruega. Asida fuertemente a los hombros del conocido sindicalista de la antigua Bazán Ignacio Fernández Tojo -hoy uno de los máximos dirigentes de CC.OO.- la mujer acabó por contagiar sus lágrimas al sindicalista, que con el rostro desencajado apenas si podía manifestarle sus condolencias. La concentración convocada por los sindicatos CC.OO., UGT, CIG y USTG y secundada por todas las fuerzas sociales y políticas de la comarca reunió en la plaza de Armas a conselleiros, diputados, alcaldes de varios municipios de la ría, dirigentes sindicales y a los presidentes de las Cámaras y de las organizaciones empresariales. Pero los protagonistas ayer no eran los oficiales. Más de 5.000 personas llenaron por completo la plaza de Armas y sus alrededores para manifestar su solidaridad con las familias de los cuatro fallecidos en Navantia Ferrol y exigir más medidas de seguridad y prevención. En la plaza del Concello quedó de manifiesto que la antigua Bazán está de luto. Sus trabajadores directos y los indirectos y se refleja como nunca. La tragedia se ha instalado en el rostro del presidente del comité de empresa del astillero ferrolano, Ramiro González, abatido desde que tuvo que comunicar a sus compañeros la fatal noticia. Nadie fue ayer ajeno en Ferrol al drama del sector naval. Los dos minutos de silencio guardados en memoria de los fallecidos eran únicamente interrumpidos por los sollozos de algunos asistentes y por algún grito aislado pidiendo dimisiones. Estudiantes, amas de casa, prejubilados, jóvenes con carritos de bebés, todos en la misma protesta. Miles de almas gritaron en silencio porque se acabe la siniestralidad laboral, que ni las autoridades ni las empresas permitan que una persona pierda la vida por tener que trabajar.