Contratas

FRANCISCO VARELA

FERROL

CONTRAPUNTO | O |

12 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ACCIDENTE de Navantia debe marcar un antes y un después. El manejo de gases peligrosos en el interior de barcos en construcción siempre fue una de las causas de los siniestros, generalmente mortales. En los años 70 fugas de los equipos de soldadura o restos gaseosos de petróleo en el interior de los buques tanques dejaron una trágica estadística. En los años 80, Bazán consolidó una cultura de la prevención que hizo a la factoría modélica en toda España. Pero eso ocurría hace 20 años. Los prejubilados que se marchan dicen públicamente que dejan un centro de trabajo en el que, durante la última década, se produjeron retrocesos en materia de seguridad laboral y lo atribuyen, en parte, a la gran subcontratación en Navantia. Es, de nuevo, una regresión porque la accidentabilidad en las auxiliares siempre ha sido una consecuencia de la precarización generalizada. Pero si la empresa principal subcontrata parte de la producción no delega su responsabilidad. Ni tampoco la compañía auxiliar oculta su parte de culpa en una maraña societaria. La Ley de Prevención de Riesgos, el Estatuto de Trabajadores y, por qué no, el Código Penal actuales retiran el velo que cubría la realidad. Tampoco ha de excluirse el fallo humano, que pudo producirse. Por eso es tan importante, tras enterrar a los muertos, quitar enseñanzas. Porque si en la vieja Bazán hay que recuperar los hábitos de seguridad en el trabajo, también debe arrinconarse alguna costumbre no tan saludable. Es la opacidad informativa. La dirección y los sindicatos suelen dejar en la puerta principal ese derecho constitucional a saber lo ocurrido que tenemos quienes estamos fuera del astillero. En esto también debe haber un antes y un después.