DE PASADA | O |
20 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.AL MARGEN del Papa, tal vez la imagen que más llamaba la atención en los telediarios de mediodía eran los inmigrantes que andaban buscando los papeles que les permitan empadronarse con fecha anterior a agosto del 2004. «Colas en los ayuntamientos de las ciudades españolas para que los inmigrantes puedan lograr el empadronamiento por arraigo» decía rotunda la guapa presentadora en la Primera. Lástima que no se pasaran por Ferrol entre el lunes y el miércoles. En el departamento de estadística, donde se llevan esos asuntos del empadronamiento, el movimiento ha sido escaso, por no decir nulo. Ferrol es la ciudad -no se cansen de recordarlo por ahí- más envejecida de España, ya la menos poblada de Galicia y en la que el saldo vegetativo -diferencia entre vivos y muertos- se mantiene desde hace décadas a favor de los segundos por amplia diferencia. Pero, lamentablemente, Ferrol sigue al margen de la llegada de ciudadanos foráneos. Su cifra aumentó un 40% en los últimos dos años, pero su número, alrededor de un millar, sigue siendo testimonial. Lo que no es anecdótico es el número de ferrolanos que se dan de baja en el padrón municipal cada año: salen de la ciudad unos 2.000 vecinos con dirección a Narón (principalmente), pero también a Madrid, Las Palmas, Tenerife, Barcelona... Sale a una media de cinco vecinos que se van cada día. Ahora sumen todas esas disyuntivas: escasa llegada de inmigrantes, población extremadamente envejecida, inciertas perspectivas económicas, emigración galopante... ¿Solución de las administraciónes para remediarlo? Discutir sobre las infraestructuras en una interminable y partidista campaña electoral. Por cierto, ¿quién empezó?