MONTE VENTOSO | O |
31 mar 2005 . Actualizado a las 07:00 h.PARECE QUE finalmente hay consenso generalizado con respecto a la prejubilación masiva en los astilleros públicos. A título personal, pocos hacen ascos a un nuevo estatus que les garantiza más de tres cuartas partes de su sueldo sin tener que ir a trabajar. Sin embargo, hay un pero con mayúsculas que ellos mismos son los primeros en subrayar: a diferencia de otras reconversiones, con su marcha se acaban los puestos de trabajo; no hay renovación de plantilla mediante la incorporación de aprendices. Los puestos en activo, simplemente, desaparecen. Con ese panorama, el vino de despedida ofrecido ayer a los ya ex empleados de lo que fue Bazán les debió de saber bastante agridulce. Desde la perspectiva más amplia del sistema productivo comarcal, el asunto tiene mucho de agrio y muy poco de dulce. La destrucción de empleo no sólo cierra puertas a los que estaban por llegar al naval, sino que reduce el beneficioso impacto indirecto en tantos empleos que, como es sabido, genera la industria auxiliar. Sólo cabe insistir: urgen alternativas.