CARRETERA Y MANTA | O |
05 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.EN BAGDAD, una bala perdida de ésas que carga el diablo dejó seco a un agente italiano y a más de un ciudadano de su país preguntándose quién necesita a malvados iraquíes teniendo amigos gringos así. Y en Ribeira, otra bala perdida, macabro eufemismo, atravesó las cristaleras de un instituto; el pistolero ha venido y nadie sabe cómo ha sido. Y en otro colegio, esta vez en Ferrol, recibieron otro proyectil equivocado en forma de carta anunciando un cierre que primero iba a ser, después no y finalmente ya se verá, que es como termina casi todo por aquí. Firmaba el escrito un contralmirante en el ocaso de su carrera, cierto, pero no lo escribió entre partidas de dominó en el club de jubilados, sino desde un despacho de Defensa, con su registro de salida, sello del ministerio y demás pertinencias burocráticas en regla. Al militar se le escapó su última bala administrativa sin que nadie en su gabinete tuviera tiempo para detener la acción del percutor, así que para cuando quisieron darse cuenta ya habían perforado la confianza de la comunidad educativa que puebla el centro. Hay quien interpreta el disparo como una precipitación dentro de una emboscada urbanística más sutil en las formas pero igualmente agresiva en el fondo. Por su parte, cuando le preguntaron al responsable de la Educación de por aquí que qué sabía de la cosa, parece ser que miró al horizonte silbando El puente sobre el río Kwai. El lío deja un triste sabor a indefensión de los afectados y descoordinación administrativa. Al contralmirante crepuscular, como al tirador desconocido de Ribeira o a los confusos soldados yanquis -salvando las evidentes distancias- les sentaban bien aquellos versos de rock: ¿Dónde vas, bala perdida / dónde vas, triste de ti?