El Gobierno ?a través del Ministerio de Economía? y la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) pusieron ayer de largo la nueva empresa naval pública en la que se integran los astilleros de Ferrol y Fene sin concretar ni el plan industrial por el que se regirá ni avanzar el programa de compensaciones para las zonas afectadas por la reconversión naval. Navantia, heredera de siete de las once plantas de Izar es, en realidad, heredera de la antigua Bazán, de la que recoge su abanico de productos y hasta su sistema de construcción integrada que aplican desde hace más de una década los astilleros militares. Los responsables de la nueva compañía pública subrayaron ayer que «Navantia es avance, es naval, es modernidad y es empuje», pero faltaron los argumentos que sustentasen tales afirmaciones. No hubo ni una alusión a la posible carga de trabajo para los astilleros ni a los avances de los pedidos en negociación ni tampoco al modelo organizativo de la nueva compañía. Uno de los escasas datos novedosos es el referido a la facturación. Navantia aspira a lograr el próximo año 1.400 millones de euros de ventas, con lo que se acercaría a los volúmenes registrados en el 2002 y el 2003, y superaría en un 27,3% la facturación del 2004, cifrada en 1.100 millones. Pese a que el bautismo de Navantia estuvo presidido por el ministro de Economía, Pedro Solbes, éste tampoco desveló medidas algunas para compensar a los municipios que han sufrido la última reestructuración del sector. Ferrol, puntero Pese a la ausencia de proyectos de futuro para cada astillero, en el acto de presentación quedó patente que Ferrol continúa liderando la innovación en el seno de la empresa. La SEPI alude al buque de proyección estratégica ?que se hará en la ría? como «uno de los más competitivos del mercado» y a la clase de fragatas F-100 ?en curso actualmente en la antigua Bazán como «uno de sus productos estrella».