Es la hora del monte gallego

Francisco Varela FERROL

FERROL

Análisis | El último sector primario

22 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?abíamos quedado en que la solución al monte gallego estaba en que la transformación de su primera materia prima, la madera, se hiciese en Galicia por aquello de que el valor añadido de la pasta de papel no se lo llevasen los vascos o los asturianos. Este paso ya lo hemos dado, pero marginando a los pequeños propietarios, menos organizados y con escasa capacidad de respuesta ante un mercado duro y globalizado. ¿Qué puede hacer el campesino que guarda el monte de eucalipto como billetes en el banco para cualquier contratiempo? Pues o vende al maderista que le llega por la puerta y al precio que le ofrece, o se come las toneladas que tiene en la parcela. Pero como no estamos en Nicaragua o en el Nordestinho del Brasil, donde el precio del café no ha subido un céntimo en los últimos veinte años, existen ejemplos de que las cosas pueden ir de otra manera. Que se lo pregunten a los propietarios forestales de las Landas o a los suecos y noruegos, donde la riqueza, como el petróleo nórdico, se socializa. Con la privatización de las plantas de celulosa del noroeste peninsular se ha creado cierta posición monopolista de los fabricantes. La desorganización del pequeño propietario forestal crea una situación muy ventajosa para los grandes: miles de pequeños dueños cultivan, plantan y protegen las cincuenta mil hectáreas de eucaliptos de la zona norte costera de Galicia (es decir, el hinterland de Ferrol) pero quienes recogen la cosecha económica son otros. Esta es la pura realidad. Ciertamente estamos en un mercado libre y compra y vende quien quiere, pero queda margen para la intervención administrativa. ¿O no existen actuaciones del Gobierno, comunidades o Unión Europea cuando bajan en exceso los precios de la leche, de la mantequilla o de la uva? Evidentemente, los productores deben organizarse, crear sus propias cooperativas de corta y tala y el envío de la mercancía a las centrales. Y es aquí donde hay margen para que intervenga la Administración. La historia del campo gallego en el siglo XX cuenta con experiencias semejantes. Durante la II República surgieron las sociedades ganaderas, en los años 60 las cooperativas de leche. Ahora, en el XXI, le ha llegado el momento al monte, porque no sólo es el problema de la madera. Hemos visto también que con el sector eólico, el pequeño propietario también ha sido quien pagó el pato mientras los poderosos y sus amigos se cambiaban y concedían concesiones a chorro. Para el pequeño, la expropiación.