Análisis | La autopista y sus consecuencias un año después La obra de ingeniería más relevante para Ferrolterra no es sólo un tramo viario; hoy es un imán económico y turístico que también ha cambiado los hábitos de miles de conductores
14 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Ferrolterra fue la última comarca en disponer de un tramo de autopista. Salió caro aguardar. Mientras las ciudades unidas por ese cordón umbilical comenzaban su expansión, Ferrol vivía una reconversión sin compensación alguna y una sangría de población. Ahora es una de las zonas que más rendimiento saca a esos nueve kilómetros y cien metros que se inauguraron hace 366 días, un año (bisiesto). Aquel día, a las 22.35 horas Antonio Fraguela, ferrolano, 49 años, atravesó antes que nadie ese punto de unión con toda la fachada atlántica, la AP-9 que une el puerto de Ferrol con la frontera portuguesa en apenas dos horas por vía de alta capacidad, 219 kilómetros previo pago de algo más de 12 euros. Permite ahora entrar y salir de la urbe naval en apenas cinco minutos; antes se consumía entre Ferrol y Fene casi media hora de vida. A Antonio le han seguido desde entonces más de seis millones de usuarios; una media de 16.500 vehículos se sirven a diario de ese tramo entre Fene y Ferrol, el único gratuito en la Autopista del Atlántico, concesión del Gobierno tras el accidente de la Discoverer Enterprise . El brutal choque de la plataforma contra el puente de As Pías demostró la fragilidad de las comunicaciones en la tercera área poblacional de Galicia y quitó la venda a los gobiernos de Madrid que tardaron tres décadas en finalizar la vía. Doce meses después de aquella inauguración histórica los nuevos hábitos de circulación están condicionados por esa suerte de circunvalación de la ría que ha actuado como imán: se ha incrementado en un 20% de usuarios en el peaje de Fene. Horas después de esa inauguración, ya tuvo consecuencias directas en el tráfico de Ferrol, donde sus dirigentes tuvieron que devolver el doble sentido a la avenida Irmandiños después de constatar que la calle de la Iglesia -el acceso al centro de la ciudad desde el final de la AP-9- vivía pendiente de un atasco permanente. Situaciones similares se han repetido en Freixeiro, la carretera de Catabois o en la vía que enlaza la una de las salidas con la carretera de Castilla. Efectos colaterales Las consecuencias de la puesta en marcha de una infraestructura que costó 117 millones de euros no se miden sólo en aspectos viarios. También tiene repercusiones económicas. En Neda -ahora siete minutos de Ferrol y a menos de cinco de Río do Pozo- la demanda de viviendas se ha multiplicado en apenas un año. Paralelamente, el sector turístico ha comenzado a repuntar, como se demostró en agosto o en el reciente puente de la Constitución.