En directo | Con los encerrados en el consistorio La casa del pueblo se ha convertido en un hotel en el que se alojan los concejales del BNG y los trabajadores de Italtel; todo sea por la defensa del futuro del municipio
13 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?A xente está con nós, ¿sabes?», dice el alcalde de As Pontes. ¿E a xente sabe o que son as cuotas de emisión? «A xente o que entende é que a chimenea pode deixar de funcionar no 2007», continúa explicando Víctor Guerreiro. Está, como casi siempre, sentado alrededor de la mesa de la sala de comisiones del Concello de As Pontes. Pero son las siete de la tarde y está rodeado de concejales de su partido. En el pasillo, sindicalistas de la CIG. Y abajo, en el salón de plenos, algunos empleados de Italtel juegan a las cartas, ven la televisión o dan de comer a sus churumbeles. Toda esta multitud está encerrada en el Ayuntamiento. Los ediles, desde el sábado; los trabajadores de la fábrica, desde hace diecisiete días. La situación en As Pontes es crítica. Nunca antes se habían enfrentado sus habitantes a una crisis con tantos frentes abiertos. Por un lado, Italtel, que cerrará el 31 de diciembre y dejará en la calle a 38 operarios. Por otro, Endesa, siempre omnipresente en As Pontes y que se tambalea por vez primera vez en sus tres décadas de historia en la villa porque al Gobierno se la ocurrido que 'xa está ben' de producir electricidad con carbón. Pues Zapatero se ha topado con la firme voluntad de un pueblo acostumbrado a dejarse oír en las calles, y dispuesto hasta a encerrarse en el Ayuntamiento. «Algo hai que facer, dende logo», apostilla Antón Martín, uno de los concejales. «O peche é moi difícil co día a día do Concello, hai moitos de nós que traballamos fora». Pero se organizan muy buenamente. Para dormir realizan una especie de sorteo para decidir quién se queda. Desde ayer cuentan con el apoyo de los sindicalistas de la CIG, que se han sumado al encierro institucional. Las colchonetas se colocan en los despachos de la alcaldía y del oficial mayor, que deben quedar despejados a las siete de la mañana, cuando comienza la jornada laboral de los funcionarios. Los concejales que quedan de guardia nocturna comparten el hotel en que se ha convertido la casa consistorial con los jóvenes de Italtel, que despliegan las colchonetas en el salón de plenos y en los pasillos de la primera y segunda planta del Ayuntamiento. Ayer, a media tarde, Mónica, Cruz, María José y Fresco tomaban posiciones en los pasillos del primer piso. Rozan la treintena y, pese a su juventud, tienen la espalda rota de dormir en el suelo. Y temen que para nada. Ninguno alberga una sola esperanza de que la fábrica continúe más allá del día 31.