Memoria de un guerrillero

Francisco Varela FERROL

FERROL

Perfil | Enrique Vigo, del «Cervera» a maquis El único superviviente de los marineros que combatieron por la República en 1936 en las calles de Ferrol, luego integrante de la resistencia, plasma sus recuerdos en un libro biográfico

27 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

? sus 90 años, a Enrique Vigo no se le han olvidado sus camaradas presos en la escollera del Arsenal, en julio de 1936. Aquellos del acorazado España que los alzados franquistas llevaron a O Val y allí mismo mataron. A él lo salvó la suerte porque fue uno de los marineros republicanos del acorazado Cervera , tomado también por los alzados. El resto de la escuadra que estaba en la ría fue enviada al Estrecho para intentar cortarle el paso a Franco. Ferrol, tras unos días de luchas sangrientas, quedó también en manos de los sublevados. Días de los que Vigo fue testigo y narra en su libro biográfico que el martes, a las ocho de la tarde, presenta en la Casa de Cultura de Fene. Ciertamente, es una vida de película. Nació en 1914 en la calle del Hospital de Ferrol. La vergüenza de madre soltera llevó a su progenitora y a su abuela a Gijón, pero la gripe de 1917 se las llevó por delante y Enrique, con 3 años, fue acogido por otros familiares de Neda. No conocería a su padre biológico hasta 1935, un primer oficial del Arsenal del que se hizo buen amigo. Tan bueno que esta relación le salvó la vida cuando fue detenido tras participar en el intento de los marineros republicanos de toma del parque del Arsenal para hacerse con las armas y entregárselas al pueblo («No lo conseguimos porque cuando llegamos a la puerta nos encontramos con un nido de ametralladoras del enemigo»). Comenzaron los fusilamientos sumarios y a Enrique lo mandaron al barco prisión Plus Ultra , anclado en medio de la ría, con la pretensión de torturarlo y sacarle información sobre los dirigentes republicanos de la marinería y los cabos. Perdido Ferrol para la causa republicana, Vigo dijo en el consejo de guerra que él no era un alzado, que no se había revelado contra la oficilidad franquista porque su padre lo era. Y su progenitor así lo confirmó y reconoció que era su hijo. Lo salvó del paredón pero no de años de cárcel en Cádiz hasta 1942, cuando fue liberado. De regreso en A Mourela inmediatamente entró en relación con la guerrilla y la organización clandestina del Partido Comunista. «Yo era el contacto con Pancho y Moncho el de Sada». Su punto de encuentro estaba en Conces (Fene), donde los guerrilleros le entregaban propaganda que él se encargaba de distribuir. Llega la gran caída de 1951, cuando el aparato policial de la dictadura desmanteló los restos de la resistencia armada, y el regreso a prisión de Enrique. Hasta 1957 no recuperó la libertad (tenía entonces 43 años). Ya en la calle se ganó la vida como músico, era un excelente batería en una orquestina de verbenas, y más tarde como empresario en una de aquellas compañías auxiliares de Astano de los años 60 y 70. Ahora, en el Centro da Terceira Idade de Fene, mientras habla de su vida sin perder de vista la partida de cartas que se trae entre manos, lo sigue teniendo claro: «Vale la pena tanto sacrificio y volvería a la lucha si se repiten aquellas circunstancias. Por cierto que ahora soy un militar retirado porque me han reconocido mis derechos». Y sigue la partida.