CONTRAPUNTO | O |
08 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.MALA SUERTE tenemos en Ferrolterra con los inversores italianos. La noticia del cierre de la planta que Italtel montó en As Pontes, acogiéndose a los incentivos de reindustrialización, remacha sobre los casos anteriores: la SIV y el mal comienzo de Tile Stone. Quien no sepa que el país que gobierna el señor Berlusconi es una de las potencias europeas, siete años por delante de España, puede recibir una imagen equivocada si ve lo que pasa en esta comarca. La Sociedad Italiana del Vidrio (SIV), en los momentos álgidos de la primera reconversión, pactó con el Gobierno español la instalación de una gran planta de producción de parabrisas de automóviles en terrenos de la antigua Astano. La plantilla, entre los reconvertivos, fue seleccionada y enviada a pocos kilómetros de Venecia para aprender en el nuevo oficio. Pero luego, por efecto del pentapartido, la fábrica acabó en el sur de Italia. Quedaron enterrados unos 200 millones de pesetas de la época en ese ir y venir. Por eso es conveniente mirar con lupa a los inversores que llegan a comarcas con incentidos a la reindustrialización, como es el caso de Ferrol y descreer de quienes piden un poco de vista gorda porque si exigimos mucho, no vendrá nadie. Es conveniente exigir lo necesario, ni más ni menos para evitar el gato por liebre. Porque, si se hace la vista gorda, quienes tienen las de perder son quienes se quedan aquí y no el que llega, toma la subvención y se va. Los incentivos a la reindustrialización (sin pillos) son una herramienta imprescinble para acabar con el monocultivo industrial de Ferrolterra. Parece obligado recordar que, sin estas ayudas, el grupo Tojeiro no sería el potente emporio que es o no tendríamos fábricas como Poligal.