Reportaje | Espacios para la cultura La galería, fundada por Daniel Alvariño en el año 1976, ha sabido tender desde Ferrol un nuevo puente, un insospechado camino, entre creadores y coleccionistas
06 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?rboreda, y lo dicen quienes la frecuentan, es una galería que no se asemeja a ninguna otra. Nada hay en ella -afirman también- que remita a esas invisibles barreras que tan a menudo alejan al creador del coleccionista, y que en nada facilitan la cercanía entre quien ha hecho del arte una manera de hablar a cuantos quieran escucharle y los que deseen saber qué es lo que pretende contar. «Es que nosotros siempre hemos querido actuar con un criterio distinto», dice Benito Alvariño, gerente de la galería e hijo de Daniel Alvariño, de quien fundó Arboreda en 1976 y hoy sigue siendo su director. «Nuestro deseo ha sido, primero -añade-, que quien viene aquí se encuentre un lugar agradable, donde vea que es bien recibido, donde esté a gusto entre obras de arte, y que, por supuesto, si un cuadro le gusta, tenga facilidades para pagarlo, que cuando lo ve y lo quiere se lo pueda llevar». La ventana De esa concepción del galerismo nació, precisamente, la Ventana del Arte, el singular club, hoy ya cercano a los 300 socios, que tiene como objetivo último, precisamente, facilitar las adquisiciones, romper la idea de que las obras de arte son, para la mayoría de los ciudadanos, objetos de inalcanzable valor: «Hay (Benito no dice clientes, la palabra que más usa es «amigos») quienes van haciendo un fondo y así, cuando ven una obra que les atrae, con independencia de que ese fondo sea semejante al coste del cuadro o no, se la llevan; y también hay quienes hacen uso de lo dispuesto en el club para ir pagándola poco a poco». «De todas formas -remarca el gerente-, y con independencia de esos mecanismos, nosotros, ya mucho antes de que el club naciese, siempre hemos querido hacer todo cuanto estaba en nuestra mano, hasta donde nos ha resultado posible, para que quienes vienen aquí tengan la oportunidad de tener el cuadro en su casa desde el primer momento». Y mientras lo dice, es como si por Arboreda aún se paseasen, a pesar de su obligada ausencia, desde Laxeiro hasta Blanco Amor y María Antonia Dans.