Sólo la tercera parte viven en chabolas o campamentos En Caranza y Tejeras habitan cerca de cincuenta familias integradas en el barrio
06 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Sansón, Aurelio, Aladino son vecinos de Caranza y gitanos. Su origen no les ocasiona problema alguno. Pero la reyerta protagonizada hace una semana por un grupo de gitanos en las chabolas del Vaca, en Catabois, pone de manifiesto los altibajos de las políticas de integración seguidas durante las tres últimas décadas en el área de Ferrol. La principal asociación de ayuda a esta étnica, Chavós, reconoce que el incidente es un duro golpe que afecta a toda la comunidad. «De camiño bótaselle a culpa a todos, cando foron uns poucos», subraya Xan Vázquez, maestro y experimentado mediador en estas tareas en favor de los gitanos. Algunas cifras reflejan su importancia. En el área de Ferrol viven unas mil personas de esta etnia de las que sólo la tercera parte habita en los célebres campamentos, muchas veces ligados al narcotráfico. Los dos tercios restantes residen en viviendas y barrios como el resto de la población, con algunos conflictos, pero, en general, no diferentes a los originados por los moradores payos. Quedan todavía los poblados gitanos del Vaca, El Chaquetas, Los Peinados, Modeluno (Seixo Blanco), San Mateo y Freixeiro. Pero se ha logrado hacer desaparecer ya los de Coloco, El Pilar, Feira do Dous y parte del de Pazos cuyos chabolistas fueron trasladados a pisos sociales de Tejeras o Recimil. Evangelistas En los años 70 la diócesis mantenía un secretariado especial que intentó poner en marcha un proyecto de integración diferente cuyo símbolo estaba en el barrio Modeluno (que significa modelo, en caló). Hoy es uno de los asentamientos de Catabois registrados periódicamente por la policía en busca de droga y la población gitana se ha entregado en masa a las iglesias evangélicas americanas. Vázquez subraya que trascienden mucho los incidentes y poco las noticias positivas. Por ejemplo, explica, el gran número de parejas jóvenes de gitanos perfectamente integradas y residiendo en Caranza, Tejeras o Esteiro, y la importante mejora del nivel educativo aunque, todavía, ningún gitano ferrolano ha ingresado en la Universidad. Chavós observa un parón en las políticas de apoyo y destaca dos períodos en programas de apoyo: la concejalía de Coral Seoane y la del anterior gobierno municipal. Igualmente pone en el plano negativo la escasa aplicación de los planes de erradicación del chabolismo anunciados por la Xunta. «Nos campamentos quedan vellos, a xente nova quere integrarse e vaino conseguindo pouco a pouco», concluye Vázquez. José Graña, presidente vecinal de Caranza, considera que se han cometido errores. Integrar demasiadas familias en un bloque de pisos puede ser contraproducente. Para resolver estosconflictos, en Tejeras, se ha conseguido que el Concello designe a una educadora social para ayudar al colectivo.