LA VIDA EXAGERADA | O |
29 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.DETRÁS de tantas reuniones, cursos, bailes, conferencias, asambleas, campeonatos, exposiciones y otras mil actividades que este periódico anuncia a diario se esconden ciudadanos de un tipo especial. No son el afiliado a una asociación que paga su cuota si la paga -y si la directiva lleva al día el asunto-, tal vez va a las asambleas y ya. Son esos personajes que roban muchas horas a su tiempo libre y a su familia para organizar todo eso que en realidad da consistencia a la sociedad, ya sea una reunión de entretenimiento o un acto de reivindicación. Son los loletes que dan calidad a la música tradicional y al deporte, los roca que sacan adelante la pasión de la comarca por las setas o los josé martínez que pelean por dar mejor vida a los diabéticos. O el puñado de personas que desde hace quince años organiza en Cedeira una Festa de Samaín (es buena idea pasarse por la villa mañana por la tarde) que empezó como una cosa de cuatro amigos y se ha convertido en un verdadero acontecimiento cada otoño. Para ingresar en este ejército hay que tener poca ansia de popularidad (al menos no debe ser ése el objetivo que nos mueva) y estar dispuesto a que el número de móvil de uno sea como el teléfono de la esperanza, es decir, aceptar que los llamen para resolver mil y un problemas. Y resolverlos. No sé que se consigue a cambio, seguramente algo tan valioso como irse a dormir tranquilo y el aprecio de los semejantes. Sería bueno organizar unas jornadas, una conferencia, una reunión para que estos organizadores todoterreno expliquen a otro grupo destacado, el de los políticos que cobran, salen en los papeles y resuelven poco (no digo que sean todos así, pero sí muchos) cómo se trabaja de verdad por la sociedad.