La eterna carrera de obstáculos

Pablo Carballo
P. Carballo FERROL

FERROL

MARÍA VILLAR

Testimonio | Trabas en el mundo laboral Gema Bañobre relata el tortuoso camino: desde que le fueron reconocidas sus minusvalías y se sintió «perdida» hasta que consiguió abrir su propio negocio como autónoma

13 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Tras el mostrador de la zapatería infantil Luna, en Narón, hay una mujer que ha conocido de primera mano las dificultades con que topan, irremisiblemente y pese a todo, las personas con discapacidad. Se llama Gema Bañobre. Su caso es diferente al que habitualmente se asocia con las discapacidades, pero igualmente problemático. Tiene asma y fibromialgia, y con ello una minusvalía reconocida oficialmente. En un trabajo, dijo al llegar: «Me molesta el tabaco». Y le respondieron: «Pues si te molesta, te vas». Claro que no siempre pasa esto. «En otra empresa ocurrió lo contrario -recuerda Gema-. Las cuatro personas fumaban, y cuando llegué yo, dejaron de hacerlo en la oficina». Fueron los primeros pasos de su periplo laboral. «Al principio, cuando me concedieron las minusvalías, estaba un poco perdida», explica Gema, que detalla la importancia de la ayuda que recibió de Cogami: «Me acerqué por allí, me entrevistaron para ver qué formación tenía y cuáles eran mis objetivos... Y luego empezaron a enviar mi currículum, consultándome antes. La verdad es que conmigo se han mojado mucho. Me pasaba por la oficina cuando quería para buscar cosas en Internet...». Sensibilización A juicio de Gema, todavía queda camino por recorrer en el terreno de la sensibilización social. «Al margen del grado de discapacidad de cada uno, en todos los casos hay trabas a la hora de encontrar trabajo. Parece que, en esta sociedad, minusválido significa inútil. Y no es eso. Es un hándicap que se puede superar con un poco de ayuda», explica. Algún tiempo después de aquellas experiencias, Gema decidió emprender su propio negocio como autónoma, para lo que también recibió el asesoramiento de técnicos especializados de Cogami, que le ayudaron a conocer las posibles subvenciones a las que tendría acceso y todo el proceso burocrático necesario antes de abrir su tienda al público. Y así, hasta hoy. «Aquí sigo, tratando de sacar esto adelante». Igual que todo hijo de vecino.