LA VIDA EXAGERADA | O |
04 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.NO HAY QUE ir muy lejos para encontrar pequeños rincones naturales que son verdaderos paraísos, es decir, que se escapan al terrible vicio gallego de arrojar por los ribazos bolsas de escombro y zapatillas viejas, o a ese que consiste en dejar el espacio verde donde has almorzado a base de tortilla y filete panado esparcido de bolsitas de plástico, trocitos de papel de envolver y latas de refresco. Sí, hay por lo menos un espacio de disfrute natural en el que el campo está muy limpio, las barbacoas están perfectamente dispuestas para su uso y todo es belleza y comunión con el planeta. ¿Dónde? A orillas del río Sor, ese cauce que divide las provincias de A Coruña y Lugo y que recorre la tierra desde las montañas del interior del municipio de Mañón hasta la costa. Y no es que el alcalde (Alfonso Balseiro, un buen tipo) haya ido a la Xunta a pedir unos cuartos y le hayan puesto dos bancos de piedra, una parrilla y un árbol flaco que tardará diez años en dar sombra. No, es un paraíso labrado por la naturaleza que Alfonso se ha preocupado de mimar durante muchos años, poco a poco. El resultado es un entorno muy consolidado, lleno árboles adultos y de claroscuros, de refugios de piedra y madera para los pescadores que también sirven para que unos campistas jóvenes puedan por ejemplo sentir que están viviendo una aventura en una montaña perdida, puentes que cruzan el sonoro río, pequeñas represas donde uno puede darse un chapuzón (ojo, no es la playa, hay que ir calzado) y alguna casa rural donde reponer fuerzas (pregunten por la de Benucha, por ejemplo). Está a unos 90 minutos de Ferrol, pero vale la pena porque es, de verdad, un paraíso.