Crónica | La capital de las letras La presencia de Saramago reunió a representantes de todo tipo de instituciones, como la universidad y las fundaciones Caixa Galicia, Torrente Ballester y Carlos Casares
29 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?a es un tópico afirmar que Ferrol se convierte, cada cierto tiempo, en una capital de las letras. Pero no porque sea un tópico -ni por repetirse- deja de eso ser cierto, como es cierto también que cuando eso sucede suele salir a relucir el nombre de Torrente Ballester, de un escritor que, como contaba su amigo Carlos Casares, tuvo al alcance de la mano un Nobel que no llegó a recibir nunca, entre otras cosas porque para que se lo concediesen jamás dio ni un paso. De todas formas, que lo merecía -el Premio Nobel, ya se entiende-, estaba claro. Ese era, además, un sentimiento generalizado entre quienes ayer rindieron homenaje a su recuerdo, con la lúcida presencia de Saramago. Y hay que subrayar que el acto oficial celebrado a mediodía en el Concello congregó, en torno al escritor portugués, y con la asistencia de ediles de todos y cada uno de los grupos de la corporación municipal (Partido Popular, Independientes por Ferrol, Bloque Nacionalista Galego, PSdeG-PSOE y EU-IU), a numerosos representantes de instituciones como la universidad, las asociaciones culturales y las fundaciones Caixa Galicia, Carlos Casares y Torrente Ballester. Kerry McKevitt Entre los presentes se encontraban la profesora Kerry McKevitt, autora de la edición crítica de textos como los fragmentos del Ulyses de Joyce traducidos al gallego por Otero Pedrayo; el vicerrector del campus ferrolano, Luis Barral; el vicepresidente de la Fundación Carlos Casares, Hakan Casares Berg; el vicepresidente, el gerente y la directora cultural de la Fundación Torrente, Juan Pablo Torrente Sánchez, Xosé María Palmeiro y Carmen Becerra, y en representación de la Fundación Caixa Galicia, copatrocinadora del curso, Elena Cardona y Xosé Victorio Nogueira. Fue el de ayer, además, un día en el que el Concello reiteró su deseo de que la Fundación Torrente Ballester incremente sus lazos con la ciudad. «La Fundación Torrente -dijo Juan Fernández- debió estar aquí, donde le corresponde. ¡Y a lo mejor algún día está...!».