El fotógrafo

FRANCISCO VARELA

FERROL

CONTRAPUNTO | O |

02 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ABANDONO de la vida municipal de los concejales Xosé Lastra y María Luisa Sabio evidencia que la política es un terreno cada vez más acotado. Sólo quedan los obedientes, arropados por logreros y émulos de histrión. Lastra y Sabio representaban en el Bloque el sabor de la independencia de criterio, que no esa extraña imparcialidad que en otros tiempos llamábamos independiente de derechas. Por ello su marcha significa que dos cualificados ciudadanos del común dejan el barco. La pena es que no hayan explicado en detalle los motivos aunque para la opinión general y sus electores (éstos sí tienen derecho a una explicación completa) queda la gota que colmó el vaso: el asunto de la planta de gas. Ambos estaban en contra y mantuvieron su posición hasta el final. Falta también por conocer el premio de los que han dicho amén a la superioridad. Por eso parece que las cámaras municipales quedan para los delegados del constructor de turno. El ciudadano de a pie se aleja poco a poco de la política y deja sitio para los del sí señor, sí señor. Ya decía Alfonso Guerra, en el clímax de su poder, que el que se movía no salía en la foto. Pero las circunstancias son bien diferentes: el sevillano lo decía tras arrasar en las urnas, mientras que nuestros protagonistas locales cavan día a día su propia tumba. Por eso es tan necesario que el territorio de lo político sea reconquistado por el ciudadano. El camino no puede ser otro que la regeneración de los partidos porque tampoco el modelo independiente (véase el espectáculo de Valdoviño) es muy alentador. También existe la alternativa de cambiar al fotógrafo para que no corte cabezas a su gusto. El encuadre del negativo es sagrado (acuérdense de Cartier-Bresson).