LA GÁRGÓLA | O |
28 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.TIENE PINTA agosto de querer morirse cabreado. Parece que pretende despedirse con su cielo pintarrajeado de gris plomizo. Con ganas de molestar, vamos. Pues no debería quejarse. Porque ha venido completo. Ha tenido de todo. Como en botica. Que si su cal. Que si su arena... Empezó festeiro y atronador. Con ese Bisbal tirándose el rollo por bulerías y abrazando un éxito que, casi seguro, le dura lo que a la mayoría. O sea, muy poquito. Con esa ilustrada feria que hizo del centro un hervidero de trajes de época, malabares y tenderetes. Se fue haciendo mayor -el mes, digo- con menos parranda. Poniéndose pelín más serio. Que si la Xunta adjudica la obra del entorno del Marcide, que si un puente sobre A Malata para llevar el tren a Caneliñas, que si un plan para hacerle la cirugía estética al Cantón, que si un kilazo de euros para tapar baches, que si el centro lleno de coches... Y ahora, el agosto se coge la baja temporal hasta el año que viene con mala cara. Como si quisiese seguir aunque no le toque. Como si la pinta de tormenta que pone a veces fuese por acompañar a los nubarrones del BNG. Como si pretendiese cantarle las cuarenta al Solbes por no querer recibir ni a su secretaria. Como si estuviese tan preocupado por Izar como los que están allí en el tajo esperando a ver si alguien les dice algo que suene a serio. A definitivo. Y, sobre todo, que no huela a desastre, que aquí esa saeta ya se ha cantado antes. Pues eso, que tiene pinta agosto de querer morirse cabreado en Ferrol. Igual es por solidaridad con el hermano septiembre, que tiene toda la pinta de venir alborotado. O no. Que aquí nunca se sabe.