MONTE VENTOSO | O |
21 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.ESTÁN AHÍ, en la carretera. Y, como decía La Voz el pasado viernes, el que avisa no es traidor. Son las cosas del radar de la Guardia Civil de Tráfico. El aparatito ese que, a unos más y a otros menos, nos trae locos a todos. Pero motivos para controlar no faltan. Pasarse del límite es una imprudencia. Un riesgo. Pero es que, además, el que lo hace después de ser avisado tiene delito. Pues nada. Ni así. ¿Usted que preferiría, una multa o dejarse el pellejo en la carrereta? El que suscribe, ninguna de las dos cosas. Pero si hay que elegir, la multa. Claro. No se trata de frivolizar. Ni mucho menos. Se trata de una triste realidad. No hay mejor fórmula para garantizarse un buen viaje que la prudencia y el respeto por los límites. Que para algo están. El acelerador es mal consejero. Es el conductor el que tiene que controlarlo. No al revés. Y el radar no es más que un mecanismo para tratar de que bajen unas cifras escalofriantes. Si todo está en orden y las cosas se hacen bien, seguro que no recibe la foto.