La patrona se hace al mar

La Voz F.?F. | CEDEIRA

FERROL

MARÍA VILLAR

Reportaje | Cedeira se despide de sus fiestas La santa realizó ayer su único viaje anual: el que la lleva cada 16 de agosto de procesión para recordar a todos los pescadores fallecidos en el océano

16 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Vallas a la vista. Unos hombres fornidos impiden el acceso a los barcos. Algo pasa en el puerto de Cedeira. «É que os armadores teñen medo de levar a tanta xente», explica un marinero. La procesión marítima de la Virgen del Mar no ha perdido ni un ápice de espectacularidad, pero se ha convertido en un acto más contenido, en el que los barcos ya no parecen latas de sardina. Ayer, sólo embarcaban conocidos y autoridades. El temor a que ocurriese un accidente como el que arruinó a un armador de Aguiño provocó que la comisión de fiestas y los marineros se abrazasen a la prudencia, pese a los cientos de personas que esperaban ansiosas en el muelle para intentar colarse en alguna embarcación. Pero resultó del todo imposible. Aún así, la procesión marítima cumplió con sus rituales. Eran las doce y media del mediodía cuando la santa alcanzaba el muelle pesquero, a hombros, como siempre, de cuatro integrantes de la peña Los Pifis. Delante de ellos, la Danza de Arcos de Cariño, que fue la encargada de anunciar el paso de la Virgen del Mar. Dentro del volantero Berezmar, los tripulantes -la mayoría sentados en improvisados bancos de madera colocados sólo para la ocasión- seguían de cerca la dificultuosa operación de embarcar a la imagen, que pesa unos doscientos kilos. Ya dentro, y colocada la santa en la popa del pesquero, comenzó la maniobra para zarpar después de que embarcasen también autoridades con el alcalde, Leopoldo Rubido, a la cabeza. Poco a poco, el público, acodado en las vallas que protegían el acceso a los barcos, se iba empequeñeciendo. Tras abandonar la ría, el séquito de barcos seguía al Berezmar en su viaje. A unas dos millas de la costa y a la altura de la capilla de San Antonio (que se veía atestada de gente) se produjo el acto que da sentido a la procesión: el lanzamiento de coronas y ramos de flores al mar para recordar a los marineros muertos. Fue entonces cuando atronaron las sirenas de las embarcaciones. Ya de regreso al puerto, tras una hora de travesía, llamaban la atención un puñado de barcos atracados, vacíos, sin banderolas. Varios armadores cedeireses decidieron quedarse en casa a modo de protesta por la multa impuesta al marinero de Aguiño. Modesto González Villarnovo, conocido como Gerardo do Mimo, fue uno de ellos. Confesó: «Levamos todo o ano pensando na procesión marítima e foi moi duro quedar na casa».