Reportaje | Rehabilitación del patrimonio en el corazón de las Fragas del Eume La Diputación de A Coruña, propietaria de la colegiata de Caaveiro, reabrirá el edificio a finales de año, en cuanto haya concluido la restauración en la que invierte un millón y medio de euros
10 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Son las primeras horas del día, y mientras el visitante se acerca a Caaveiro, un águila de pardo plumaje alza el vuelo, majestuosa y cansina, y sobrevuela la vieja carretera, por suerte en ese momento aun desierta, que atraviesa la franja occidental de la fraga en paralelo al río. El orgulloso pájaro, que como todos los grandes depredadores sabe que lo suyo no es huir, sino ir de caza, se posa enseguida sobre la herida y ya desnuda rama de un carballo -hay veces en las que a uno le cuesta escribir roble más que otras-, mira al intruso desde lo alto casi se diría que con desprecio, y sigue a lo suyo, que es esperar a que el desayuno asome por alguna parte para echársele encima y comérselo. Se conoce que no le molestan, al águila, los que pasan callados y no se meten con ella. Al menos, si no forman multitudes; que eso, claro, ya le gustará menos. Y estaría bien saber qué piensa de que un poco más arriba de donde ve amanecer se esté restaurando la unas veces colegiata y otras veces monasterio y durante medio siglo ruina -triste y maltratada ruina, víctima del vandalismo, del campismo incontrolado, de la desidia y hasta de las ruedas- de Caaveiro. Los sonidos del bosque A esa hora, los ruidos del bosque -el agua del río puliendo, a fuerza de siglos, las piedras del cauce; los cantos de ave; el paso del viento entre las hojas de los árboles- son, seguramente, los mismos que cuando el monasterio ni siquiera existía: idénticos a los de una fronda en la que, hasta que allí llegó San Rosendo, sólo vivía, rezando en silencio, algún anacoreta. O, para ser, más exactos, casi los mismos: porque cuando uno se acerca a Caaveiro, caminando por la senda que asciende desde el Eume, escucha, además, las voces y las herramientas de la docena de trabajadores que, nada más abrir la mañana, reanudan su trabajo en la rehabilitación de la colegiata. La Diputación, propietaria del edificio y de las tierras que lo rodean, quiere que Caaveiro, tras los continuos retrasos experimentados por su rehabilitación, pueda reabrir sus puertas, a más tardar, en diciembre. El coste total de la obra está en torno al millón y medio de euros. Y ese será, sí, el precio de devolverle a Galicia un monumento que es, en medio del más hermoso bosque atlántico de Europa, como una oración de piedra.