Los vecinos del rural demandan mejoras en los servicios básicos

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Las asociaciones solicitan que se amplíe la recogida de basura Las carencias de la red de saneamiento impiden el correcto vaciado de las fosas sépticas

28 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?a falta de servicios básicos continúa siendo, aún hoy, el principal problema de las parroquias de la zona rural de Ferrol. Así lo señala el presidente de la federación de asociaciones, José Polo, que dirige el colectivo desde el pasado mes de marzo. Uno de los ejemplos más sangrantes de esta situación, desde su punto de vista, es el conflicto que surge con el vaciado de las fosas sépticas en aquellas zonas donde existen más carencias con la red de saneamiento, como Doniños, San Xurxo, Esmelle o Marmacón. «Actualmente, al faltar la red de alcantarillado, no hay forma humana de eliminar este tipo de residuos. No hay un lugar adecuado en el que depositarlos. Por lo tanto, se actúa como actúan los furtivos en el mar: el contenido de las fosas se echa en cualquier parte». Para paliar esta situación, la federación de colectivos vecinales de la zona rural trasladará al Concello de Ferrol una propuesta concreta: aplicar el mismo sistema que se usa para el vaciado de los baños públicos que se instalan en las playas, trasladando los residuos al centro urbano para depositarlos en la red de saneamiento. También reclama José Polo mejoras en el servicio de recogida de basuras. Considera insuficiente que, durante el invierno, los camiones de Urbaser hagan el trabajo sólo una vez por semana en las parroquias. Solicita más contenedores; «Hay personas que tienen que caminar más de 300 metros para depositar la basura». Además, demanda «que el Concello no se olvide de nosotros a la hora de instalar recipientes para el reciclaje, por ejemplo de vidrio». El presidente de la federación rural también quiso denunciar, por otro lado, el «rapto» sufrido el pasado domingo por más de un centenar de personas que se desplazaron hasta Gijón para participar en un encuentro de palilleiras. Asegura: «La organización gijonesa nos obligó a comer de pie en un recinto cerrado con llave. Había muchas personas mayores y decidimos marcharnos a otro sitio, pero se nos prohibió de malos modos. Nos dio vergüenza ajena».