Crónica | La Compañía de María celebra una feria solidaria Los alumnos del colegio ferrolano recordaron a su patrona con una jornada llena de actividades para recaudar fondos para un proyecto de la ONG de la orden en el corazón de África central
14 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.? 6.000 kilómetros de distancia de Ferrol está Kyondo. En la República Democrática del Congo, en medio de la región de los grandes lagos de África. Justo en el punto donde las guerras olvidadas entre hutus y tutsis siguen moviendo y matando, cada año, a miles de personas que no le importan a nadie. O eso parece. Porque ayer, los 614 alumnos de la Compañía de María se movilizaron para tenderle una mano a Kyondo. La celebración de la patrona del colegio, Santa Juana de Lestonnac, fue la excusa para celebrar una gran feria, a la que estaban invitados los padres de los niños del colegio. Y los propios alumnos fueron los encargados de poner en marcha todas las actividades que, desde mediodía, llenaron el patio del colegio. Puestos de comida, bebida, postres y helados. Venta de puzzles y artesanía solidarios. Y una tómbola en la que se sorteaban todo tipo de artículos, desde manteles hasta películas, que cedieron los comerciantes de Ferrol. Con el dinero recaudado en cada una de estas actividades, además de en las entradas de los festivales que se celebraron en el salón de actos, el colegio pondrá su granito de arena para la reconstrucción del Hospital General de Kyondo. Un edificio que las misioneras de la Compañía de María leventaron en los años 40, y que necesita arreglos tan básicos como restaurar los muros y las ventanas de la sala de cirugía o dotar de ordenadores al servicio de administración. Sentados en los bancos del patio, rodeados de los gritos de los niños, que no se sientan ni para comer, los padres se unieron también este año a la celebración. Los pequeños cupones verdes y azules que se canjean por por la comida sólo cuestan un euro. El año pasado, esos trozos de papel se convirtieron en casi 6.000 euros para Kyondo. Muchos de los niños que hoy pedían un boleto para la tómbola no saben ni llegar a casa sin sus padres. Pero saben decir Kyondo. Y saben que necesita un hospital.