Un pleno raro-raro-raro

M. Cheda FERROL

FERROL

Crónica | La sesión del sí pero...

29 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Salón de plenos, ayer, pasadas las siete. Entre el público, los cinco profesionales del asistir, los que aún siguen con el non a la planta de gas, los mariscadores en huelga de hambre, un prejubilado de Labazán... Llenazo en la bancada. Se echaba en falta, sin embargo, la presencia de dos personas: Manel Zebral (con zeta, como Letizia) y Papuchi. Zebral es un tipo que siempre viste mochila, como Pocholo, aunque sus tiros van por otro lado. Preside la asociación Galiza Solidária (sí, con tilde en la a, en plan portugués). Lo distingue también su afición a la casa consistorial: raramente se pierde una sesión de los munícipes. En casi todas, cuando él siente que es su turno, se levanta, surge de entre el público, y, ufano, vocifera: «Xuncal, fala galego. É a túa obriga como vereador [alcalde, en luso] de esta cidade». Es una letanía, una letanía un tanto friqui, eso sí. Pues ayer, que podía haber nadado como pez en el agua, ayer que era su día, va y no aparece por el Concello. Menuda espantá. Papuchi no precisa introducción; ya se ha hecho más famoso que su hijo, Julio Iglesias. Ayer debería haberse dejado caer por estos lares porque su coletilla del raro-raro-raro hubiese venido que ni pintada para calificar un momento memorable del pleno. Ese instante en que José Manuel Vilariño (PP), tras arrearle estopa a Xaime Bello, votó a favor de una moción presentada por el nacionalista, un texto que él mismo había calificado de próximo a la «dictadura del gallego».