«Mi sueño es poder traer a mi hijo a España algún día»

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Testimonio | La voz de una colombiana en Narón Tiene una casa, un sueldo y algunas amigas, pero a esta sudamericana todavía le falta algo; añora los sabores de su tierra, a su familia y el calor de su gente

03 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

?ongamos que se llama María. Aunque insiste en que tiene los papeles en regla, un cierto temor le empuja a rechazar que le hagan fotos y que la identifiquen con nombre y apellidos en el periódico. Así que pongamos que la persona que pone voz a este testimonio se llama María. Llegó a España hace exactamente dos años y cinco meses y, tras un vivir un tiempo en As Pontes, decidió mudarse a Narón para compartir casa con una prima y ahuyentar así las soledades. María tiene 21 primaveras y es colombiana. «¿Que por qué me decidí a venir? Pues porque allí el trabajo está muy difícil y no hay muchas oportunidades», explica amablemente a la pregunta de siempre. En estos momentos María trabaja como empleada de hogar en una casa y asegura que «por el momento» está contenta, aunque confiesa que le encantaría poder dedicarse a otra cosa. El caso de María es parecido al de otras muchas mujeres que un buen día decidieron hacer las maletas y partir en busca de un porvenir próspero, aunque eso significase tener que alejarse de los seres queridos. María, como otras inmigrantes, tuvo que dejar a su hijo en Colombia, pero espera que la separación no dure demasiado tiempo. «Mi sueño es poder traerme a mi hijo a España algún día», dice ilusionada. María no lo duda cuando se le preguntan qué cosas añora de su país. «¡Echo de menos la comida! No sé por qué, pero aquí no tiene el mismo sabor, no hay chotanduros ni otras cosas que tomo allí», comenta melancólica. Pero la gastronomía no es lo única diferencia que percibe María: «Esto es mucho más tranquilo; en Colombia la gente sale de la casa y se pasa todo el día en la calle con música, conversando... No sé, aquí las personas son un poco más frías, van más a lo suyo». Eso sí, María reconoce que nunca, desde que llegó, ha conocido el rechazo. «Me he sentido bien acogida», cuenta. Y con dos palabras resume las dificultades: «Los papeles». «Es muy complicado conseguirlos», advierte.