CARRETERA Y MANTA | O |
23 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.«OIGA, doctor. Que tengo los oídos taponados». «Ah, pues se siente, pero me pilla usted sin agua caliente». «¿Cómo? ¿Pero esto no es el centro de salud?». «Pues sí, pero ya ve. Vuelva usted mañana, a ver si hay suerte». Efectivamente, es un centro de salud, y la situación descrita no es una viñeta de Forges, aunque lo parezca. Ha sucedido unas cuantas decenas de veces en el centro médico de Fene desde que empezó el invierno. Veamos: el centro da servicio por las mañanas a los 14.690 habitantes de Fene, y durante la tarde y la noche funciona como punto de atención continuada también para los usuarios de Ares, Neda y Cabanas: en total, 29.055 habitantes, es decir, 58.110 orejas que no se pueden limpiar en el centro de salud público por el que toda la peña cotiza una pasta gansa a la Seguridad Social. Los profesionales recurren a la única solución que les concede tan lamentable estado de precariedad: pedir al paciente que se lleve de casa el termo con agua caliente. Y se produce, inevitablemente, la situación surrealista: allá va el paciente, con su termo de agua rumbo al centro de salud, a que le miren el oído. Mientras el Concello y el Sergas deciden a quién compete el asunto, el personal puede quedarse sordo, 29.055 sordos, 58.110 orejas insensibles, salvo que tengan termo en casa y ánimo para llevárselo bajo el brazo. A este paso, ya no extrañaría encontrarse por ahí a un vecino llevando 200 gramos de lomo para que le hagan el bocadillo en el bar, porque lo sentimos, pero estamos bajos de existencias; o conduciendo un autobús hasta la parada, porque, hágase cargo, está muy mala la cosa en el servicio de transporte. O cargando con la caja de pino para pirarse al otro barrio. Igual allí no se ríen de la gente.