OPINIÓN | O |
17 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.SON EL PRESENTE y el futuro del sector naval. Toda una estirpe. Y trabajan juntos, codo con codo, en las adversas condiciones en las que se levantan barcos sobre las gradas. Varias generaciones juntas, protagonizando eso que ahora llaman transferencia de tecnología y cualificación y que se resume en que los más antiguos enseñan el oficio a los que llegan. Recuerdo la primera vez que recorrí una plataforma de Astano -el segundo de los Discoverer - después de subir decenas y decenas de peldaños por una escalera bailona que te dejaba mirar abajo y no era apta para personas con vértigo. Una vez en suelo firme me topé de bruces con la realidad de los trabajadores del naval. Miles de cables atravesaban de proa a popa el enorme artefacto, en el que se movían centenares de personas bajo una incesante lluvia y los rigores de un frío mes de febrero. Entre ellos mi tío Pepe, con el que inicié un viaje de descenso al interior de la plataforma, orgulloso de enseñarme la vida y las tripas de un enorme gigante. Y descubrí otra realidad: obreros soldando encogidos sobre sus propios cuerpos en posturas propias de malabaristas circenses, bajo el ruido infernal de calderas y de someter al acero al moldeado elegido. Allí, en la faena diaria, todos eran trabajadores, los de Astano y las auxiliares. Todos, como mi tío, transmitían en sus semblantes la importancia del trabajo bien hecho, imagen que se repite los segundos previos a cada botadura. Él ya no está, como tampoco hay ninguna plataforma en el astillero. El presente y el futuro del sector naval ferrolano esperan respuestas, no piden quimeras, sólo hacer barcos. No quieren convertirse en mero pasado.