Análisis | Las causas
26 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Cuatro factores de naturalezas y orígenes muy diversos explican en esencia el fenómeno de despoblación progresiva que padece el concello. La incapacidad de superación. Hasta los ochenta, Ferrol tendió a ganar habitantes en el siglo XIX. Iniciado 1981, vivían 91.764 personas en la ciudad. Pero en junio del 83 comenzó la reconversión del sector naval; a la larga, los astilleros de la ría dejaron de emplear a unas 8.000 personas. De las ocho zonas urgentes de reindustrialización, nombre que recibieron las áreas españolas afectadas por los despidos y jubilaciones, ésta fue la que menos ayudas recibió: 39,2 millones de euros, los cuales sirvieron para favorecer la creación de apenas 300 puestos de trabajo. Tanto los agentes económicos como los políticos y sociales se han mostrado aparentemente incapaces de superar el escenario diseñado por el primer gobierno socialista: no hay en todo el ayuntamiento un metro cuadrado de suelo industrial disponible y la tasa de paro, según La Caixa, roza los 18,2 puntos porcentuales, 5,5 por encima de la media gallega. La puesta en funcionamiento de la planta de Reganosa (2005), la entrada en servicio del puerto exterior (2006), la construcción del polígono de San Pedro de Leixa (mismas fechas), así como la ampliación y transformación del complejo energético de As Pontes (2008) están llamadas a corregirlo. La incomunicación histórica. Entre noviembre de 1992 y diciembre del 2003, Ferrol fue la única urbe del occidente gallego sin conexión con la autopista del Atlántico. Durante los últimos tres lustros, mientras aquí descendía el padrón, en el entorno de la AP-9 se iban concentrando el 60% de la población de la comunidad, por encima del 70% del empleo no agrario y casi el 80% de la renta regional. La clásica metropolización. En Ferrolterra se ha producido además un trasvase poblacional de la cabecera de comarca a los municipios satélite. Ares y, sobre todo, Narón han absorbido 5.500 de los 13.000 vecinos perdidos por la ciudad desde 1981. En este último municipio, el metro cuadrado de vivienda cuesta, de acuerdo con la consultora Rr. de Acuña, 798 euros, 179 menos que en la ciudad. La ínfima permeabilidad. La urbe permanece ajena a un positivo elemento corrector de la baja natalidad: la inmigración. Aquí los extranjeros representan un 0,8% del censo, muy lejos del promedio español, que es de 4,6 puntos.