Crónica | El arte como proclama contra el olvido El Centro Torrente Ballester inaugurará la próxima semana la mayor de cuantas exposiciones se han dedicado jamás al brillante y atormentado pintor de O Seixo
08 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?firma Andrés Mosquera, que muy probablemente sabrá ya de la obra de Bello Piñeiro más de lo que nadie sabe -o si ustedes prefieren decirlo de otra manera, que ya sabrá tanto como cualquier otro pueda saber, porque lleva media vida dedicado a estudiarla e investigarla-, que Galicia tenía una inmensa deuda con el pintor de O Seixo. Y declara que la muestra, comisariada por él, que el Centro Torrente Ballester inaugurará el día 19 -el viernes de la próxima semana- quiere ser, ante todo, «un acto de xustiza». «¿Sabes por que decidimos charmelle á exposición Bello Piñeiro, sin duda ? -subraya Mosquera-, porque a nosa intención é acabar coas dúbidas todas. Coas que hai arredor da súa obra, coas que persistían sobre a súa persoa, e naturalmente coas queo atormentaron a el, que lle impediron facer en vida unha exposición coma a que lle imos facer agora. Esta é a razón de que elixísemos ese título: que nós cremos que e as dúbidas, todas, sobran». «Aquí estará todo» Mosquera anuncia que la muestra, formada por más de 200 piezas entre lienzos, dibujos, bocetos, manuscritos y objetos personales permitirá, por fin, abordar la figura de Bello Piñeiro desde su dimensión más rigurosamente humana. «Aquí estará todo -dice Mosquera-, dende a súa mellor pintura ata os seus diarios e os retratos que fixo de Franco. Así que a exposición permitirá ver cómo cambiou conforme transcurría a súa difícil existencia». Bello Piñeiro (O Seixo, Mugardos 1886-1952) se inició en el mundo de las artes plásticas en la desaparecida Escuela de Artes y Oficios de Ferrol, pero a los 15 años ya se trasladó a Madrid, donde a su paso por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando trató a personalidades como Gutiérrez Solana. En 1913 inauguró en Ferrol su primera muestra individual. Su prestigio crecía continuamente y se extiendía por todo el país, pero poco a poco su compleja personalidad acabó por hundirle en el alcoholismo, que enseguida truncó su carrera. Aun así, hasta en sus momentos de mayor crisis llegó a producir obras como los murales del Casino Ferrolano, para los que Mosquera pide, incluso, «que sexan Patrimonio da Humanidade».