«Desde mi casa se ve el mar, y eso es como decir que veo el infinito»

La Voz

FERROL

29 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?ive en Cabanas, muy cerca el viejo pazo de Riobó, del caserón donde el naturalista López Seoane se carteaba con los grandes científicos de su tiempo mientras catalogaba las mil y una formas de la naturaleza. Por allí vivían también -aún se conservan su escudos- los últimos priores de Caaveiro, poco amigos de subir a la colegiata para mediar en las continuas disputas de los no siempre piadosos canónigos del monasterio. Hermoso lugar, es cierto «Desde mi casa se ve el mar -recuerda Fátima-, y eso es como decir que veo el infinito». -Hablando de saber mirar, hay colores que siempre parecen ser nuevos. -Es así, sí. Yo, por hacer una cita -añade Fátima, una vez más sonriendo-, diría que desde mi casa se ven, además, los irrepetibles e irrecuperables colores del cielo. -Pero usted nació en un lugar muy distinto. -En pleno centro de Madrid. Y entonces pensaba que jamás podría vivir mucho tiempo lejos de una gran ciudad. Ahora, en cambio, lo que me pasa es lo contrario, lo que siento es completamente diferente. Creo que vivo en el mejor lugar del mundo para estar con mis libros y para trabajar. -A las puertas de la fraga del Eume. -Sí. De un bosque mágico. -Y muy cerca de Pontedeume. -En Pontedeume también viví un tiempo. Y lamento que urbanísticamente esté tan destrozado. ¡Pensar que donde hoy está el mercado antes hubo un palacio...! Pero me gusta mucho su puente. Saber que hay un río, esa idea de las dos orillas. Y el pensamiento del camino que une, que ha visto tanto...