Reportaje | Las eternas obras de la iglesia de Valdoviño Andrés Pardo de Andrade y Ponce de León donó tierras, madera, piedras y reales para que se construyese el templo; ahora su biznieta lucha por que se reabra
01 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.?oledad ya no vive en Valdoviño, pero no deja de recordar que allí pasó la mayor parte de sus veranos y que sus orígenes y los de su familia están en ese municipio. Por eso actúa a modo de portavoz de los vecinos de la parroquia de Santa Eulalia que llevan varios años con la iglesia cerrada por obras. Y ¿por qué recurren a ella? Porque su bisabuelo se llamaba Andrés Pardo de Andrade y Ponce de León. Un hombre de ilustres apellidos que donó tierras, madera, piedra y dinero para construir el templo entre finales del siglo XIX y principios del XX. El pueblo se lo agradeció enterrándolo en un lateral del altar. Y ahora, un siglo después, Soledad López Martínez ha decidido inmiscuirse en el asunto de las obras de restauración del templo. No porque, de algún modo, lo considere suyo, sino porque lo quiere y porque los vecinos se lo han pedido. «Sé que están defraudados por ver así la iglesia de Santa Eulalia». Todos quieren que recupere su esplendor de antaño. Hace apenas unos días, la activa asociación de vecinos Santa Eulalia dio la primera señal de alarma sobre el estado de su parroquia. El problema del retraso de las obras es de tipo económico. Faltan únicamente 42.000 euros para amueblar el interior de la construcción, que en apariencia tiene buen aspecto. Explicaban los vecinos que incluso se habían ofrecido para solicitar un crédito bancario, pero, según la asociación, la comisión constituida para afrontar las obras de acondicionamiento se negó de plano. La asociación aseguraba que estaba dispuesta a retomar el tema reuniéndose con el cura párroco y con el Obispado para relanzar las obras. Y hasta ahora. De momento, la parroquia celebra sus misas y fiestas de guardar en la pequeña capilla del Carmen. Al margen de las propuestas de sus otrora convecinos y aún amigos, Soledad López apunta como solución la venta de la ruinosa casa rectoral y de los cincuenta ferrados que la rodean para costear las obras.