Un modelo de crecimiento

FRANCISCO VARELA

FERROL

CONTRAPUNTO | O |

15 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

TODAS LAS EMPRESAS de desmontes y demoliciones de Ferrol afrontan gravísimos problemas para encontrar destino a la materia prima que trabajan, la tierra que excavan. La vigente legislación obliga a los municipios a localizar una escombrera en sus planes generales. Pero, a la postre, el plan es papel mojado o motivo de enconados conflictos de los colindantes al lugar elegido, consecuencia de décadas de desidia en esta materia. En el lado opuesto están países próximos como Francia. Sus escombreras acaban su ciclo como hermosos parques o pequeñas montañas ajardinadas. Generalmente son servicios departamentales o mancomunados. Está claro que una solución de estas características sería la adecuada para la comarca pero ¿quién le pone la escombrera al gato? Hemos visto lo ocurrido con Mougá, mal ejemplo de todo. El problema aparece no en el destino, sino en el comienzo. Si la política de reciclaje fuese la correcta es posible que no surgieran tales conflictos porque a la escombrera llegarían sólo ladrillos, cascotes y tierra. La experiencia demuestra que son, en realidad, peligrosos estercoleros, a los que se arrojan pilas con mercurio o uralitas con amianto: es comprensible la oposición vecinal. Aquí va la anécdota: caminando por el campo, uno se encuentra extraños apilamientos en enormes terrenos alejados de los viales principales, a los que se ven llegar camiones y camiones cargados de tierra. ¿Una nueva fábrica?, ¿otro proyecto maravilloso? No. A los pocos días, se allana y queda como rastro la parcela elevada medio metro: la comarca va hacia arriba. La inacción de los municipios está convirtiendo todo el entorno en un infierno de cientos de pequeños vertederos.