Cuando los nervios se desatan

La Voz F.?F. | FERROL

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GEMMA SANZ

Crónica | Así se viven las caravanas Un atasco pone a prueba la resistencia del conductor; esto puede suceder en la travesía de Fene, en el puente de Pontedeume y hasta en Ortigueira

20 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Aún hay clases. Hasta en los atascos. Los hay de primera, de segunda y de tercera categoría. Fene vive en permanente estado de caravana. Allí, en la imposible travesía, miles de conductores ponen a prueba su resistencia a diario. A ver quién aguanta más tiempo sin aporrear el claxon, la bocina de la desesperación. Viernes. Dos de la tarde. Salida de Ferrol. La avenida de As Pías parece desahogada. Fatal espejismo que se trunca nada más enfilar el maltrecho firme del puente. Primera parada. Los deportistas y pescadores avanzan a un ritmo vertiginoso en comparación con los coches. Pasito a pasito, se alcanza la entrada del astillero, que ofrece una espectacular vista de la grúa pórtico al turista accidental. El tórrido sol del mediodía quema los brazos que asoman por las ventanillas. La extremidad izquierda presenta un sospechoso tono oscuro que contrasta con el resto. Los nervios se desatan a los quince minutos. Pero poco se puede hacer. Paciencia. En la distancia, junto a los semáforos del cruce, aparecen dos sudorosos guardias. No paran de gesticular. Sus brazos parecen aspas movidas por el viento. Pero los conductores no tienen piedad. Sus miradas de ira se dirigen hacia esos hombres con porra y corbata, que acaban el día con agujetas. Cada 24 horas pasan por ese cruce entre 25.000 y 30.000 vehículos. El atasco de Fene ha hecho aflorar la picaresca. Los atajos ya son casi tan conocidos como las rutas oficiales. De pronto, caminos en los que apenas sí cabe un coche se han convertido en vías atestadas de vehículos. Y en dos direcciones. El caso de la carretera de Castilla es de primera, aunque no es comparable a Fene. Al contrario de lo que pudiera parecer, los agentes no suspiran de alivio ante la perspectiva de la entrada en funcionamiento de la autopista hasta Ferrol. Sospechan, probablemente con razón, que nadie los librará de la caravana de los trabajadores de los astilleros y de los empleados de la empresas de A Gándara, entre otros. Pontedeume también fue de primera, pero ahora sus kilométricos atascos han pasado a la segunda categoría. La entrada en funcionamiento de la autopista hasta Fene obró el milagro, que en verano se desinfla un tanto. Los coches desfilan lentamente a lo largo del puente camino de las playas. El largo peregrinaje se reproduce cada día. Los sábados, día del feirón, recuerdan a veces a los viejos tiempos. Luego están los atascos de tercera clase. Son los que más abundan en verano. Es posible encontrarse con caravana en la carretera de Catabois, en la Puerta del Sol de Valdoviño y en la travesía de Ortigueira. Aquí, los atascados apenas si tienen tiempo de dejarse llevar por la desesperación, aunque sí el suficiente para llegar tarde a una cita.