Lágrimas de San Lorenzo

PEPA ANTÓN

FERROL

TRIBUNA | O |

14 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

TRAS la ventana abierta descansa la palabra, mientras la suave y fresca brisa del mar llena de sensaciones y fragancias, envuelve al sentimiento. Allí arriba, una luna curiosa se asoma y coquetea con los reflejos de cientos de pequeñas lucecitas naranja que iluminan los bordes de la ría. La quietud es total y el silencio que, hace ya algunas horas, se adueñó de la noche, y se quiebra solamente por el triste lamento del trascurrir del tiempo en sus horas más ciertas. Atrás quedó la prisa, el vértigo de la fugaz mañana corriendo atareada con su ir y venir, con sus trasiegos, en ese afán de asegurar una seguridad siempre insegura. Espejismo del hoy, dulce trampa inocente que tienden a la vida los ruidos y la luz. Y ante mí, en esta misteriosa madrugada de verano, cuando se deshojan uno a uno los pétalos del ser, el universo entero, emocionado, latiendo de esperanza, nos regala sus lágrimas de estrellas. ¡Y tanto por hacer! ¡Tanto por comprender! ¡Tanto por aprender!