Análisis | El retraso en la prevención Los trabajadores suecos, británicos, franceses y holandeses no precisan acudir a los juicios, porque la Administración pública les reconoce los derechos si están contaminados
14 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?os tribunales ferrolanos son escenario de un debate muy poco jurídico, más bien científico. Los abogados de los trabajadores que estuvieron en contacto con el amianto se esfuerzan en demostrar que sus enfermedades pulmonares actuales tienen algo que ver con el asbesto. De la otra parte (Izar) se encuentran una férrea oposición: un neumólogo que, tras comprobar que fueron fumadores, les dice que sus males tienen más que ver con los cigarrillos que con sus jornadas en los buques de hace veinte años. Porque las partículas de asbesto son así de traicioneras: se introducen con facilidad en los alveolos y no vuelven a salir. Tiempo después, cuando el obrero ha olvidado incluso que forró tuberías con mantas de esta fibra, o estuvo cerca de otros que lo hacían, comienza a cansarse, a sentir fatiga... Es el amianto. En países europeos como Suecia, Gran Bretaña, Francia u Holanda estos debates en los tribunales han dejado de producirse hace tiempo porque la Administración ha puesto en marcha planes nacionales de prevención, cura, indemnización y control del amianto instalado. Porque, aunque su uso está terminantemente prohibido, quedan los enfermos, los edificios y barcos forrados con este excelente aislante pero feroz cancerígeno. Por desgracia, las cosas van bien económicamente en España, pero nuestro país, junto a Portugal y Grecia, continúa a la cola en estos programas. La prohibición De hecho, la prohibición de su uso llegó (el 1 de enero del 2002) mucho después de que se comprobase su relación con el cáncer. Importantísimos intereses estaban en juego: toda la plancha de fibrocemento que se fabricaba en España ( uralita ) llevaba asbestos. Los franceses actúan de otro modo: anunciaron a todo trapo planes antiamianto y trasladaron sus fábricas de uralita a países balcánicos donde no se había prohido. Y los stocks sobrantes, con amianto, los regalaron al Tercer Mundo.