El Arquitecto Marcide

JOSÉ DÍAZ DOPICO

FERROL

OPINIÓN | O |

11 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

UN DOMINGO DEL PASADO mes de mayo de cuya fecha y consecuencias para nuestra ciudad no quiero acordarme, se publicó una encuesta sobre varias facetas del Hospital Arquitecto Marcide, y el resultado fue de notable. Yo discrepo del mismo. Eso fue un «pucherazo» que recuerda los habidos en épocas pasadas y superadas, aunque con secuelas. No se puede negar que en el mencionado centro los pacientes ingresados reciben un buen trato, incluido en la mayoría de los casos el sanitario. Pero en esta faceta hay que hacer una puntualización. Sería injusto negar que existen en el mencionado hospital excelentes profesionales de la medicina, que lo son por vocación y llevan a cabo su labor con la delicadeza que todo paciente necesita. Pero no es menos cierto que hay otros para los que un enfermo supone lo mismo que para un mecánico un tornillo. Es decir, que no son más que trabajadores por cuenta ajena, que van al trabajo únicamente en busca del salario, y tan alienados como el que va a la fábrica. En urgencias, el servicio es malo. Y de las listas de espera, mejor no hablar. Pero el gran fraude, el engaño, el despilfarro y la falta de responsabilidad, es lo que se puede contemplar al llegar a la entrada principal. El hall, de unas dimensiones impresionantes, una altura fuera de lo normal y el suelo de grandes piezas de mármol pulido; junto con la oficina bancaria allí existente y la recepción al fondo, dan la impresión de que se trata de un hotel limpio y respirable. Todo un lujo. Pero todo se viene abajo cuando uno llega al laboratorio, donde en una sala de espera de cincuenta metros cuadrados se amontonan diariamente más de trescientas personas. ¿Cuántos contagios se producen? Tan sólo con esto, el suspenso está más que justificado.