En busca del millonario misterioso

FERROL

JOSÉ PARDO

Crónica | La Bonoloto deja 726.000 euros en Ares Nadie en el pueblo conoce por ahora la identidad del afortunado apostante; ni siquiera lo sospechan en el bar O Gaiteiro, la administración de lotería que selló la suerte

10 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Ayer era día de fiesta en Ares. Sobre todo, para el afortunado y -por ahora- desconocido ganador de un suculento premio en el sorteo de la Bonoloto: 760.956 euros, o más de 126 millones de pesetas, que se llevó el único acertante de la afortunada combinación numérica. A cambio, pagó dos euros, cubrió cuatro columnas y cruzó los dedos. En el Voto de Chanteiro, la romería que reunió a miles de vecinos del municipio, muchas conversaciones giraban en torno a la identidad desconocida del ganador. Mientras, también hacían cábalas frente al muelle aresano, tras la barra del Café Bar O Gaiteiro, la administración de lotería que selló la suerte. A las diez y media de la mañana, la delegación de Loterías del Estado ya había hecho llegar a O Gaiteiro el cartel con la frase que todo lotero anhela ver en la pared de su local: «Vendido aquí». Poco tardó en cumplirse el segundo ritual de una resaca millonaria: la llamada del banco a la caza del nuevo rico. Tino Iglesias, propietario del bar, poco podía decir: no hay rastro del premiado. Ni siquiera una sospecha. «No tenemos idea de quién puede ser», explicaba. «El boleto es bastante peculiar, porque normalmente los apostantes juegan la misma combinación toda la semana. Y este boleto se selló sólo para un sorteo». «Imaginamos que es del pueblo», comentaba la camarera de O Gaiteiro. «Lo normal es que no quiera decirlo, pero estas cosas, aquí, al final se saben». Aunque, a veces, se saben de forma peculiar. Tino Iglesias recuerda todavía el primer premio importante que entregó, unos treinta millones de pesetas. «Me enteré al cabo de siete meses, hablando con un amigo. El premiado murió al poco tiempo, y la cosa se supo en su velatorio». A última hora de la tarde, en O Gaiteiro seguían las especulaciones, mientras en la barra se acodaban dos tipos trajeados con sospechoso aspecto de trabajadores de banca. Si lo eran, se fueron también con las manos vacías, porque el millonario seguía a esa hora en paradero desconocido. Junto a la barra, la gente de O Gaiteiro trataba de visualizar a la gente que selló la Bonoloto el sábado o el lunes. Quizá alguno de ellos lo celebraba en el Voto de Chanteiro. Así lo intuía Tino Iglesias: «Pola mañá, díxenlle a un amigo: se ves a un moi borracho, ese pode ser...».