?almantina por nacimiento, pero gallega casi -o sin casi- por vocación, Tomasina Rozas se pregunta si el haber dado a luz aquí a todos sus hijos, y el llevar cuarenta años residiendo a orillas del Atlántico, no le da derecho a usar «el título de ferrolana». Dueña de un sólido sentido del humor, amiga de la ironía y, al mismo tiempo, mujer de firmes convicciones, la presidente de la Asociación de Amas de Casa y Consumo Familiar cree que las ciudades, como las familias, son el reflejo de quienes las hacen. Y que cuando se quiere cambiar algo, no hay mejor camino que poner manos a la obra y empezar a trabajar. -Dice que las amas de casa siguen siendo uno de los pilares básicos de la sociedad... -Sí. E incluso más que antes. -¿Más que antes? -Sí, porque cuando la mujer no trabajaba fuera de casa, durante las horas que los niños estaban en el colegio aún tenía tiempo para ella. Podía tomarse un café... Pero ahora es imposible. Marcha a trabajar, y cuando regresa aún tiene que ponerse a hacer todo lo que hacía antes. Tiene que atender, a la vez, a las cosas del hogar y a su carrera profesional. -Y, casi siempre, sin ayuda, ¿no? -Por supuesto. Sin ayuda. Por eso yo siempre digo que quienes han tenido la suerte de ir a la universidad y de encontrar después un empleo bien retribuido, es decir, quienes pueden permitírselo, tienen la obligación, a su vez, de crear en sus casas un puesto de trabajo digno para la persona que venga a ayudarles. Porque es que yo creo que el trabajo en el hogar, lo haga quien lo haga, tiene que ser considerado como lo que es: un trabajo tan digno como cualquier otro. Porque es que cualquier cosa que haga una mujer parece que no se ve con los mismos ojos... -¿A qué se refiere? -A que los hombres, que hasta han ido ocupando todos los ámbitos laborales que la mujer tuvo como propios durante muchísimo tiempo, son vistos de otra manera cuando hacen las mismas cosas. Por ejemplo: si una mujer cocina, es una cocinera. Pero si quien cocina es el hombre, entonces le llaman restaurador. Si una mujer cose para hacer la ropa, es costurera; si lo hace un hombre, es un modisto. Si una mujer peina a otras, es una peluquera; si lo hace un hombre, es un estilista... ¡Y todo eso me parece tan injusto! Porque es que además la mujer, cuando de verdad se le abren puertas... -¿Qué sucede? -Demuestra lo que vale. No hay más que ver que ya destacan más que los hombres en la universidad por su constancia, por su capacidad de trabajo... Por cuando llegas a una empresa, te relegan. La mujer áun no tiene las mismas oportunidades que el hombre.