El director de informativos de Tele 5 pronuncia hoy en Sargadelos la conferencia central de los actos con los que los periodistas recuerdan a Couso, el reportero fallecido en Bagdad
01 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?a noticia de que Couso había muerto, lo golpeó primero a él. Se la dio Jon Sistiaga, a través del teléfono, desde el hospital de Bagdad en el que el reportero ferrolano fallecía pocas horas después de caer malherido bajo el fuego de la artillería norteamericana. Un tanque -ya se sabe, pero uno no se resiste a repetirlo- disparó contra el hotel Palestina, en el que se alojaban cientos de periodistas. Era la batalla por la capital de Irak. Los americanos dijeron que repelían un ataque, que habían visto francotiradores en el edificio. Unos francotiradores que, salvo ellos, nadie vio jamás. -Hay horas que difícilmente llegan a olvidarse... -Sí, es duro recordarlo. Aunque los días vayan pasando, es duro. José Couso, para mí, era más que un compañero de trabajo. Habíamos convivido en circunstancias muy distintas. Pasamos muchas horas juntos. Estuvimos en Macedonia, para buscar a Jon. Y también en Belgrado, durante los bombardeos de la guerra de Yugoslavia ¡Son tantos los recuerdos...! Los recuerdos, y las anécdotas. La nuestra era una relación muy especial. Por eso digo que con él se me ha muerto mucho más que un compañero de trabajo. -¿Cómo era Couso, en lo personal? -Un gallego por los cuatro costados. Y sé bien a qué me refiero, porque es que yo, por parte de madre, también tengo orígenes gallegos. Él siempre estaba preocupado por los demás. Y era mucho lo que nos unía. Entre otras cosas -sonríe Valentín- el ser del Atlético de Madrid. -Y al final... -¿Al final...? ¡Al final, la sinrazón! -¿Cómo vivió aquella mañana? -Primero recibí la noticia de que habían disparado contra el hotel. Después llegaron las imágenes en las que se lo llevaban herido. Sabíamos, por lo que nos contaba Jon Sistiaga, que llevaba una pierna destrozada, y que había perdido mucha sangre, pero manteníamos la esperanza de que pudiese salvar la vida. -Sin embargo, después... -Fue horroroso. Horroroso. Cuando Jon me llamó para decirme lo que había pasado, que José no había podido aguantar, levanté la vista y toda la redacción estaba a mi alrededor, mirándome, esperando. Al otro lado del teléfono, Jon se me vino abajo, y yo también me deshice. No me lo podía creer. Le di una patada a la pared y... -Disculpe que la haya hecho recordar... -No, no te preocupes. Es que a mí, ya te decía, no sólo se me ha muerto un compañero. A mí se me ha muerto un amigo.