CONFIDENCIAS | O |
22 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.EN LA Capitanía General de Ferrol, el Miércoles Santo del 2003 aconteció un hecho fundamental para nuestra ciudad. El día significó mucho más que la despedida de un gran almirante; fue la despedida definitiva de todos nuestros almirantes, el portazo seco y sin miramientos de la «Reforma Trillo» a 277 años de tradición ininterrumpida y de historia. El cierre de la residencia y sede del almirante implica, entre otros graves perjuicios para Ferrol, que la parte fundamental de sus fuerzas para depender directamente de Cartagena y de Madrid. Se nos promete, a cambio, potenciar las escuelas de especialidades, siempre condicionadas al número de solicitudes del, hasta ahora, poco atractivo ejército profesional, y se inaugura, a bombo y platillo, con la presencia del almirante jefe del Estado Mayor de la Armada y la conselleira correspondiente, una guardería en el Arsenal. Todo ello digno del mismísimo Jorge Juan. Tuvo la despedida marcados tintes vergonzantes, a juzgar por la representación del gobierno Central, la Xunta y las altas jerarquías de la Armada. A todos lo que debieron asistir y no asistieron: ¡Cuándo aprenderán ustedes a saber estar! Aunque solamente sea porque, hacer acto de presencia en los malos momentos, también forma parte de sus sueldos. Saber estar tanto cuando se unaugura como cuando se desmantela; cuando se les alienta cuando se les ningunea o increpa; en brillantes botaduras y espectaculares pruebas de mar o en momentos como los actuales en los que se despoja a Ferrol de su categoría y de su alma. Las banderas ondearon a media asta esos días pero, en este Ferrol que nació y creció para la seguridad y la grandeza de España, nuestra bandera de todos, ondeará a media asta en nuestro corazón.