PAISANAJE | O |
03 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.HAY FECHAS que vienen marcadas de antemano. Qué mal día para celebrar tu cumpleaños, Carlos, ese 20 de marzo en que Irak no apagó velas, como tú, sino fuegos que le llovían del cielo. Qué mal día para que arrancara la primavera. Qué mal día para que abandonaras la infancia y entraras en ese terreno tan abrupto como la adolescencia. Tan abrupto como la guerra, aunque tú pases esta etapa en paz. Hay fechas que sirven para que se guarden en la memoria como en el maletero de un coche fúnebre, fechas para no celebrar nada pero que al final sirven para agradecer a los dirigentes -como decía un escritor brasileño hace unos días- que no nos tengan en cuenta, que nos dejen un planeta gris, días de esos para que constatemos que de nada sirve salir a la calle para contestar al poder si luego los chavales vuelven a sus casas con la cabeza llena de preguntas.