Una ferrolana recuerda los últimos años de su padre enfermo, entre momentos de agresividad, pérdida de recuerdos recientes y amargos arrebatos de lucidez
24 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.«¿Qué hora es?». «Las diez». «¿Qué hora es?». La pérdida absoluta de la memoria reciente del enfermo genera situaciones como ésta, entre exasperantes y surrealistas. «Preguntaba la hora constantemente. Pero no cada cinco minutos: aún no había terminado de decírsela y la preguntaba otra vez», cuenta Leli, una ferrolana cuyo padre malvivió sus últimos años buceando en los recovecos insondables del alzheimer. Los efectos nocivos de la enfermedad no sólo afectaban al padre, sino también a ella como cuidadora. «Las consecuencias del mal en los familiares son devastadoras», sentencia sin vacilar. Después de levantar a su padre, asearlo, vestirlo y lavarle los dientes, comenzaba para Leli un martirio diario que alcanzaba momentos dramáticos para ambos en los arrebatos de lucidez del enfermo. «No hago nada aquí. Sólo molesto. Estaría mejor muerto», decía a veces. ¿Cómo se puede responder a semejantes afirmaciones? «No le podíamos dejar solo ni un momento», cuenta Leli. En la fase avanzada de la enfermedad, su padre perdía la conciencia del peligro. «Veía el campo por la ventana y quería salir por allí mismo, sin darse cuenta de que era un cuarto piso», relata. Leli necesitaba que alguien le acompañase constantemente, puesto que su padre adoptaba en ocasiones una actitud agresiva que, dada su fuerza física -no tan desgastada-, originaba situaciones de peligro. «Una vez tuvimos que enfrentarnos a él mi marido y yo, y nos costó pararlo».Las noches tampoco eran tranquilas en casa de Leli. «Él había trabajado como conductor de camión, así que en un momento dado decidió que su cama era el camión y los muebles, la mercancía que tenía que cargar. Subía encima de la cama las sillas, las mesas... todo lo que podía mover». También eran habituales los síntomas de regresión a la juventud. No sólo mantenía una buena memoria para lo ocurrido mucho tiempo atrás, sino que él mismo emprendía una especie de viaje temporal. «¿Cuántos años tienes?», le preguntaban a veces. «Diecisiete», contestaba él.