?uienes la conocen dicen que es una de las asociaciones más atípicas de Ferrolterra. Sus militantes arrancan horas a las semanas para recuperar tradiciones perdidas en el laberinto de la memoria, inculcar valores ecológicos a los jóvenes o enseñar a escribir a adultos. Se llama Néboa y hace ya diez años que batalla en defensa de la naturaleza y la cultura. Ayer, poco antes de que la Casa de Cultura de Neda reuniese a colaboradores y simpatizantes para festejar el aniversario, Gerardo Balado -alma máter de la agrupación y uno de sus fundadores- rebobinaba los recuerdos para llegar a los orígenes de Néboa: «Cuando la escuela municipal de tiempo libre de Neda desapareció, un grupo de jóvenes reivindicativos que trabajaban en ella, muy comprometidos con el medio ambiente, decieron agruparse y así nació la asociación».Entonces se pusieron manos a la obra. El trabajo comenzó en Neda -donde hoy en día tienen un local- pero también llegó a otros muchos municipios de la comarca. Y logró uno de sus objetivos. «La asociación se llama Néboa, porque, como la niebla, queremos que nuestra labor pueda extenderse para alcanzar todos los rincones», explicaba Balado. La asociación superó, incluso, las fronteras de Ferrolterra. En 1995, los directivos viajaron a Suiza para recoger de manos del presidente del Comité Olímpico Internacional, Juan Antonio Samaranch, un premio por la labor de Néboa a favor del deporte y la juventud al aire libre. «Somos la única asociación de tiempo libre -recordaba con orgullo Balado- reconocida por el COI». Desde sus orígenes algunas cosas han cambiado. La directiva la ocupan ahora otras personas -encabezadas por la directora de la escuela de tiempo libre de la asociación, la bióloga Begoña Balsa- y sus actividades se han ampliado. Sin dejar de lado su faceta como centro de formación de monitores, Néboa trabaja ahora en otra misión: la recuperación de viejas tradiciones, como el Samaín o la feria aureana del Monte de Ancos. Pero mantiene intacta su filosofía. Balado la resume en una sola frase: «Los sueños -dice- tienen que ser realidad. Ninguna asociación tendría razón de ser si los que trabajan en ella no creen en lo que hacen». Y no se olvida de ninguno de ellos. «¡Son tantos los que han dejado huella en la historia de Néboa! Ahí están María José Ruán, Begoña Balsa, Manoli López, Berta Aneiros, Miguel Pita, Isabel Gómez.... Todos ellos son el Mundo Néboa».