Cuíña se va sin terminar sus deberes

Francisco Varela FERROL

FERROL

CÉSAR TOMIL / JOSÉ PARDO / XABIER NOVO

17 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La marcha de un conselleiro de obras públicas puede tener repercusión importante en una ciudad como Ferrol, pendiente de inumerables infraestructuras. Durante el mandato de Xosé Cuíña (1989-2003), muchas de las demandas de los ferrolanos en esta materia fueron escuchadas y otras están todavía en la casilla del debe. Al fin se consiguió en fecha reciente poner en marcha la rehabilitación de la zona centro y Ferrol Vello con una inversión de 21 millones de euros. Programa que incluye la ampliación del Ateneo, la nueva sede del Toxos e Frores y la restauración del viejo hospicio de Amboage, para usos sociales. El gran proyecto de la EDAR (la estación de saneamiento de la ría), en la que la Xunta y el Gobierno comparten inversión, se encuentra también en proceso de concurso. Es una obra gigantesta porque supone recoger todas las aguas negras de la ciudad y canalizarlas hasta cerca del puerto exterior, donde se construirá la gran depuradora. En el terreno político, Cuíña se marcha con el estigma de ser el conselleiro que cesó a Guillermo Romero Caramelo como presidente de la Autoridad Portuaria de Ferrol, poco después de que el cambio de la Ley de Puertos otorgase a las autonomías mayoría en los consejos de administración. Polígono industrial A Cuíña le queda en el tintero el nuevo polígono industrial de Ferrol, en el valle de San Pedro de Leixa, cuyo protocolo tendría que estar ya firmado. Lo mismo ocurre con la ronda oeste de Fene, cuyo trazado propuesto por Fomento fue retocado por la consellería del destituido. En carreteras, nadie puede decir que el de Lalín se esmerase en el corredor de doble vía que debe unir Ferrol con la autovía a Madrid a la altura Rábade. Actualmente la doble vía llega a cerca de Espiñadero por lo que queda por delante más de otro tanto. En síntesis, la gestión del periodo Cuiña con Ferrol tiene algunas luces, recientemente más brillantes (todo hay que decirlo) pero también importantes sombras. Alguien que lo echará de menos será el popular Pachara, que acudía a saludarlo cada vez que visitaba Ferrol.