Es un cuadro alegre. Veintitantos niños de once y doce años en fila india por las calles de Fajardo, Cabalo Blanco, Inferniño.... Pero no es una simple excursión. Estos chicos andan a la caza de malos conductores. Aparece el primero. No está el conductor, pero sí el coche, montado en la acera. Raquel, la primera de la fila, coloca en el parabrisas un papelito que dice: «Agradeceríalle que pensara un pouco na miña seguridade e aparcase vostede correctamente. Gracias». El grupo sigue la marcha con la profesora, María Eugenia Pérez Heres, al frente. Porque esto es una clase práctica de educación vial y la profesora es, además, policía local. Aparece el segundo obstáculo. Una furgoneta, también en la acera. En su interior, una matrona reparte bollas y empanadas. Es el turno de Sabela. Esta vez, le entregarán el papelito a la infractora y le explicarán que está molestando a los peatones. Sabela resopla, pero allá va. «¡Señora!, o seu coche non deixa pasar ós peóns, lea este papeliño...». La señora: «Tedes toda a razón, pero ¿teño que pagar a multa?». María Eugenia exhibe su faceta docente: no hay que pagar multa, se trata de que todo el mundo aprenda. Los niños, en su clase y los adultos, de la mano de los pequeños: «El día que hablamos de señales, el hijo va con el padre en el coche y lo quema: 'tienes un ceda, ahí hay un stop, mira ese semáforo...'», cuenta la profesora.Las clases forman parte de la «preocupación do goberno local pola educación vial a tódolos niveis». La pincelada política la pone el concejal de Tráfico, Xoán Xosé Pita. Su departamento lleva tres cursos impartiendo estas lecciones, con mil escolares por año académico. La estructura de este tipo de clases es sencilla. Cada grupo de alumnos de sexto de primaria recibe cuatro horas de docencia en el aula (una al día). Los viernes, salen a la calle a buscar infractores. El material Libros de viñetas, exámenes planteados desde una perspectiva infantil y hasta un diploma componen el material didáctico del que se vale María Eugenia. Los niños aprenden con gusto y sin esfuerzo. Los profesores que imparten las demás asignaturas se preguntan por qué no ocurre lo mismo, por ejemplo, con las matemáticas. Xoán Xosé Pita ya ha pensado en formar a más profesores, que serán, también agentes locales, para impartir curso más largos y a otros grupos de edad. Lo que no variará será la filosofía del programa: «Pretendemos formar ciudadanos, no conductores», dice María Eugenia. Ciudadanos, en fin, que que cedan el paso aunque no sea su obligación y que tengan paciencia con el conductor.