COSAS DE AQUÍ
02 nov 2002 . Actualizado a las 06:00 h.AL CASTILLO de La Palma le han salido más novias de las previstas. Desde luego, más que al de San Felipe. Pero nos arreglaremos, lo que realmente importa es salvar la fortaleza. Temíamos lo peor cuando la subasta quedó desierta. Pero los procedimientos tienen estas curiosidades: todos silbaban al aire mientras se realizaba la puja, y ahora resulta que Defensa se ve en el aprieto de tener que optar entre dos empresas que quieren hacer un hotel de lujo. Todo puede pasar, pero ya sería mala fortuna que el guardián de La Palma resulte ser el perro del hortelano. El caso es que la rehabilitación del Castillo, enclavado en un impagable paraje natural, se convertirá en todo un hito. En primer lugar, porque por una vez habremos sido capaces de evitar que el patrimonio se lo coman las silveiras. Pero será, además, una valiosa pieza en un engranaje que ya gira en el sur de la ría y en el que, por raro que parezca, tendrá tanto valor como la planta de regasificación o la conexión con la autopista. Parece una paradoja (la convivencia pacífica de la naturaleza, la industria y la población), pero puede acabar siendo el paradigma del desarrollo sostenible. No es extraño que le salgan pretendientes al castillo. Sólo falta que no sean torpes y avariciosos.