TRIBUNA
11 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.FERROL ESTÁ experimentando modestas transformaciones urbanas como consecuencia de las poco importantes demandas ciudadanas. Pero las previsibles tendencias que pueden aventurarse en este municipio, con la llegada del gran comercio, nos permiten imaginar la ciudad del futuro, teniendo en cuenta ciertas reformas que se están llevando a cabo. Ferrol no ha perdido su poder de atracción, ni lo perderá. Pese a sus contradicciones sociales, sigue siendo una ciudad receptora de gentes que vienen a disfrutar del mar, del trazado de sus calles, de las instalaciones militares, de los astilleros y los barcos; de todo lo que compone nuestra concentración urbana. Con larga estabilidad en el crecimiento demográfico, se vienen acometiendo mejoras en las dotaciones de servicios en la parte antigua de la ciudad. También en los ensanches, a pesar de su contra-urbanización, pero cada uno en su estilo va mejorando, y con ello la calidad de vida de sus gentes. La modificación de la Plaza de España va a aumentar la movilidad de la población por las nuevas perspectivas y la oportunidad de liberar el casco antiguo con un gran proyecto de superficie. Entre esta plaza y la de Amboage se quedará obsoleta la de Armas, por lo que en mi opinión se impone aprovechar la oportunidad para retirar el edificio del Ayuntamiento y llevar la Institución Local a Capitanía, que en su día va a a quedar desafectada por el Ministerio de Defensa. Quedarían tres espléndidas plazas engranadas en el barrio de la Magdalena, lo que convertiría el casco urbano en el gran Ferrol imaginable, el que apuesta por el futuro, más allá de las operaciones de imagen y de las especulaciones a corto plazo.